“Gestionar el Conocimiento significa
administrar los procesos de
creación, desarrollo, difusión y
explotación del conocimiento para ganar capacidad organizativa”.
-
Elena Revilla.
En
el siglo pasado, para una empresa innovadora y perteneciente a las nuevas
corrientes de pensamiento administrativo, su elemento más vital y activo
crucial e indispensable, era sin lugar a dudas, su
maquinaria/edificios/terrenos/dinero, pero estamos entrando de lleno a la era
de la información, y por lo mismo, muchos gerentes y grupos de interés, están volteando
a ver el valor de un nuevo factor: el
conocimiento.
Es el conocimiento sistematizado acerca
de sus procesos, servicios y productos, lo que cada día se convierte en el
activo más importante[i].
El
conocimiento siendo un intangible, se
puede localizar en varias fuentes de información, y se compone en tres grandes
ramos[ii]:
1. Explícito. Publicado en reportes de actividad, manuales de puesto,
y distintas publicaciones especializadas para una función o tarea específica.
2. Tácito. Es la habilidad desarrollada o el dominio personal sobre
una actividad. Se refiere también a la información, competencias y experiencias
compartidas de un empleado.
3. Tecnologías
facultativas. Comprende el amplio mundo
de los sistemas computacionales, las bases de datos, los buscadores, los wikis, y las redes locales de trabajo.
El
éxito de las organizaciones en un mundo
globalizado depende cada vez más de su capacidad de sistematizar el
conocimiento, entrar en un entorno de mejora continua y de competir en un mundo
globalizado. No basta con solamente tener información y datos; ni las
certificaciones en calidad. “Tenemos que
emprender en estos tiempos tan avanzados y digitales, por una visión para
organizar una metodología practica y dinámica, que fomente la sana comunicación
e interrelación de los conocimientos en todos los sectores de una industria o
ramo productivo” (Axitia, 2003). Está claro que llevando a cabo este
enfoque tan novedoso, podremos convertir los datos y la información, en
conocimiento y entendimiento del medio (sabiduría).
Una
frase muy coloquial y conocida en muchas culturas es: El conocimiento es poder. Dentro de las metas de esta nueva
corriente del pensamiento administrativo, están los de crear una cultura
organizacional que en base a la confianza, los trabajadores y especialistas,
puedan sentirse seguros de compartir sus conocimientos y poder ahorrar mucho
tiempo en capacitación, y llevar estos metadatos
al lugar y el momento adecuado para una precisa toma de decisión.
También, los clientes son uno de los objetivos más procurados
para ser beneficiados con esta postura. Se está optando por crear perfiles
únicos de identidad, en cuestiones de preferencias de consumo, lugares de
compra, información socioeconómica, pero esto también, puede significar un dilema ético, en la cuestión del manejo de
información privada de los consumidores.
Por último, para los trabajadores pueden ser de mucha
utilidad, estas nuevas herramientas[iii].
Es un punto en donde las empresas, tienen un mayor panorama sobre el
rendimiento de los trabajadores, administrar sus prestaciones, mejorar el
conocimiento y la motivación laboral.
Sin
embargo, no queramos correr, cuando aún empezamos a gatear. Estas tecnologías, así
como pueden ser de suma relevancia para los futuros líderes de negocios, pueden
crear un entorno de automatización y relegar a gran parte de la fuerza laboral
de muchos países. Inclusive, se puede perder el aire de personalización y
empatía entre, mercado-cliente-proveedor.
No dejemos de lado, nuestra mayor cualidad, que es la de ser humanos, algo que
los sistemas y procesos digitales, “jamás”,
podrán plasmar en sus pantallas ni sus reportes de inteligencia artificial. Apoyémonos,
pues, de estas facilidades pero no dependamos de ellas ciegamente, porque el día en que las luces y los motores
se apaguen… ¿quién echará a andar toda la máquina de nuevo?
[i] ITESM, Consejo Técnico de
Maestría en Administración de Tecnologías de la Información, Administración del conocimiento y prácticas
de valor, 2010, México, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de
Monterrey, 2012, p. 17.
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